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Argentina eliminó a Suiza para avanzar a semifinales

La Selección se impuso 3-1 en Kansas City con goles de Alexis Mac Allister, Julián Álvarez y Lautaro Martínez. Dan Ndoye había igualado para el conjunto europeo, que jugó con diez hombres desde el segundo tiempo por la expulsión de Breel Embolo.

13 de julio de 2026 - 9:47 am

Argentina volvió a superar un obstáculo complejo, aunque esta vez el resultado volvió a esconder un partido mucho más incómodo de lo que reflejó el marcador. Suiza llevó el encuentro al terreno que más le convenía: un primer timepo de asfixia y control, y una segunda mitad en un bloque compacto, disciplinado y con una defensa preparada para sostener duelos individuales durante muchos minutos y en inferioridad numérica. La Selección terminó imponiéndose, pero otra vez necesitó encontrar respuestas más desde la interpretación del partido que desde el juego.
Argentina ganó 3-1 y está en semifinales, pero con muchas más dudas de las que debería a días de jugar la semifinal del Mundial para defender el trono.

Fue otro de los tantos encuentros que confirmaron una tendencia de este Mundial: los sistemas híbridos. Argentina defendió con un 4-4-1-1, presionó en rombo y atacó con una estructura 3-2-5. Enzo Fernández volvió a ser la pieza que conectó todas las fases del juego, pero sin ritmo. Fue el vértice más adelantado de la presión cuando la Selección buscó recuperar alto y, al mismo tiempo, retrocedió para formar el doble pivote junto a Leandro Paredes cada vez que el equipo decidió replegarse en un bloque medio o bajo.
Suiza buscó atacar donde entendía que podía generar superioridad. Propuso duelos permanentes sobre las bandas: Zakaria y Sow contra Tagliafico y Mac Allister por un lado; Rodríguez y Ndoye frente a Molina y De Paul por el otro. Sin embargo, Argentina respondió con una buena coordinación defensiva. Compactó líneas, cerró los pasillos interiores y administró un ritmo de circulación que le permitió llegar con tiempo a casi todas las coberturas.
La primera mitad dejó una conclusión clara: Argentina resolvió el partido desde la preparación. Más que desde el desarrollo, las ventajas aparecieron gracias a la planificación. La pelota parada volvió a marcar diferencias y el gol de Alexis Mac Allister, tras el segundo córner consecutivo, fue la mejor demostración de un trabajo que el cuerpo técnico había preparado al detalle. No sorprendió que Walter Samuel recibiera el reconocimiento de sus compañeros inmediatamente después de la conquista.

Eso no significa que el funcionamiento haya sido perfecto. Las dificultades ya no estuvieron en la precisión de los pases, como había ocurrido frente a Egipto, sino en otros aspectos menos visibles. Hubo controles orientados de espaldas que terminaron en pérdidas evitables y apoyos que llegaron medio segundo tarde. Suiza leyó rápidamente esas pequeñas descoordinaciones, presionó por dentro y buscó atacar de manera directa cada recuperación.
Con la ventaja en el marcador, Argentina comenzó el segundo tiempo con una intensidad menor. Cedió algunos metros, le entregó la iniciativa al conjunto suizo y dejó de controlar el ritmo del encuentro. Salvo una buena ruptura de Molina por el carril interior a los cuatro minutos, el equipo de Lionel Scaloni perdió profundidad y dejó de generar situaciones claras.
El partido cambió, una vez más, por una acción puntual. A los 67 minutos, Suiza llegó al empate tras una pared que expuso una falta de sincronización defensiva y el desgaste acumulado de la última línea. Sin embargo, la tecnología volvió a intervenir poco después. Una jugada que comenzó con una infracción sobre Leandro Paredes, sancionada con tarjeta amarilla, terminó derivando en la segunda amonestación y posterior expulsión de Breel Embolo.

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La superioridad numérica modificó el contexto, pero no resolvió el problema futbolístico. Argentina monopolizó la posesión, instaló el juego en campo rival y empujó a Suiza contra su propio arco. Sin embargo, continuó encontrando enormes dificultades para romper un bloque bajo que siguió defendiendo con orden aun con un futbolista menos. El partido pedía amplitud para ensanchar la última línea, profundidad para atacar los intervalos y desequilibrio individual por dentro. Ninguna de esas herramientas apareció con continuidad durante los noventa minutos.
El tiempo suplementario confirmó otra de las tendencias que viene dejando este Mundial. Los bloques bajos siguen siendo el mayor desafío para las selecciones que pretenden asumir el protagonismo. Suiza volvió a cerrar todos los caminos y Argentina ofreció, probablemente, una de sus producciones ofensivas menos creativas del torneo. El cansancio acumulado, la exigencia física y las altas temperaturas pueden explicar parte de esa falta de lucidez, aunque no alcanzan para justificarla completamente.

El partido pedía mayor ritmo de circulación y pocos de los que estaba dentro de la cancha podían dárselo. También se podría haber optado por sumar a jugadores que se animen a recibir la pelota en lugares incómodos de congestión, y gambetear.
Scaloni decidió cargar el área con más delanteros, pero la jugada que terminó definiendo la clasificación nació de una acción muy distinta a la imaginada. Flaco López evitó que la pelota se perdiera cerca del córner y Julián Álvarez resolvió la jugada con un remate desde afuera del área. Horas antes, Inglaterra había destrabado un partido muy parecido exactamente de la misma manera: un potente disparo de Morgan Rogers y el rebote que aprovechó Jude Bellingham.
A veces, cuando las ideas propias no alcanzan, hay que saber tomar prestadas.

 

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