Septiembre termina con otra derrota para los activos argentinos. Más allá del repunte de la última jornada del mes, la renta fija y las acciones locales profundizaron un deterioro que ya se había hecho visible durante agosto.
Este miércoles, el S&P Merval ensaya una recuperación y el riesgo país descomprime desde máximos recientes, aunque el balance mensual sigue siendo negativo. El índice de acciones acumula una pérdida cercana al 20% desde comienzos de año y cayó 7,5% en dólares solo durante septiembre, mientras el indicador de J.P. Morgan subió casi 100 puntos básicos en el mes y más de 200 desde los mínimos de julio.
Para encontrar al principal factor detrás de esta dinámica hay que dirigir la mirada hacia el escenario financiero internacional. Hace exactamente dos semanas, la Reserva Federal elevó su tasa de referencia desde 3,50%-3,75% hasta 3,75%-4%, revirtiendo el proceso de flexibilización monetaria iniciado en septiembre de 2024.
La decisión respondió a una economía estadounidense todavía firme y a nuevas presiones inflacionarias, reforzadas por el conflicto en Medio Oriente y la suba del petróleo.
Ese giro volvió a endurecer las condiciones financieras globales. Cuando suben las tasas consideradas libres de riesgo, cómo la de EE.UU, también aumenta el retorno exigido a los activos más riesgosos, lo que encarece el financiamiento y eleva las tasas de descuento en mercados como el argentino, especialmente susceptible a cambios en las condiciones externas.
En ese sentido, Jerónimo Bardín, Head Sales Trader de Balanz, señaló que “el rendimiento del Treasury estadounidense a diez años superó el 5,2%, llevando el costo de financiamiento a niveles no vistos desde 2007 y elevando el retorno exigido a los activos de mayor riesgo”.
Sin embargo, advirtió que “el contexto externo no explica por completo el desempeño argentino”. A ese escenario se sumaron factores domésticos vinculados con la actividad, las reservas y las expectativas, que amplificaron el deterioro de los activos locales.
Cae la actividad y la confianza, y los inversores leen peligro electoral
Así, el endurecimiento del escenario internacional encontró, al mismo tiempo, señales domésticas que terminaron amplificando la corrección de los activos argentinos. Como señaló Bardín, el contexto externo “no explica por completo el desempeño argentino”, porque al aumento del costo global de financiamiento se sumaron datos locales que deterioraron las expectativas.
Por un lado, el EMAE de julio cayó 2,9% mensual desestacionalizado y 1,4% interanual, con industria y comercio entre los principales aportes negativos. A eso se agregó una baja de 5,9% del Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, hasta 1,94 puntos. Para Bardín, esa combinación podría estar llevando al mercado a incorporar con mayor anticipación el escenario electoral de 2027 a los precios.
El frente cambiario también empezó a ganar peso en esa lectura. Aunque el tipo de cambio mayorista mostró movimientos relativamente acotados, la acumulación de reservas perdió ritmo frente a meses anteriores. El Gobierno ya había alcanzado durante el primer semestre la meta prevista para 2026, lo que le permite moderar las compras del BCRA en momentos de mayor demanda de divisas, pero esa menor intervención adquiere otra relevancia cuando crecen las necesidades de financiamiento futuras.
Desde Research 1816 ponen el foco en esta tensión. En este sentido, advirtieron que dentro de la curva de deuda soberana global, el GD35 ya rinde 11% en el exterior, su nivel más alto desde las elecciones de 2025, mientras el AO29 alcanza 11,8% , encareciendo tanto el financiamiento externo como el local en dólares. Además, recordó que el Programa Financiero 2027 ya contemplaba una presión potencial de hasta u$s12.600 millones sobre las reservas.




